domingo, 14 de agosto de 2011

Sí, desordeno todo y salgo sin peinarme. Mi exceso de optimismo puede resultar inoportuno y nunca termino lo que empiezo. Pinto todo lo que encuentro, rompo todo lo que agarro, enredo todas las sábanas en las que me acuesto. A donde voy llego tarde. Rara vez tiendo mi cama, invento teorías incoherentes sobre cosas insignificantes y hablo con mis perras. Me cuesta mucho decir que no, discutir y soportar que me griten.
Lloro ante la mínima muestra de injusticia. Todavía no aprendí a contener mis lágrimas, tampoco mi risa.
Soy infantil, quizás demasiado. Olvido que hay que cruzar por las esquinas, me tropiezo con facilidad y no puedo estar encerrada, quieta, ni más de una hora haciendo la misma cosa. Pierdo todo y me pierdo. Llaves, hombres y una lista interminable. No soy lo mejor, pero tampoco lo peor que hallas visto.
Sí, ni más ni menos que un rompecabezas disfrazado de princesa. Pero detrás de este flequillo loco hay un ser que siente. No me merezco todo, pero tampoco me merezco esto. Esto de querer con toda la fuerza que sale del pecho sin esperar nada, nada de nada. Esto de dar entero el corazón y que me devuelvan pedazitos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario