La vida tiene muchos bordes; irregulares, bordes que nos atraen, como el precipicio sobre un cañón, que nos llaman y nos repelen, como la afilada tapa de una lata metálica abierta. Existe una tensión entre querer ver el borde, sentirlo, pasar las manos por el. Y el deseo de retirarse hacia la seguridad y la comodidad. Nos mostramos indecisos y dudativos. Nos sentamos y consideramos lo que vamos a hacer a continuación. Podemos apartar la vista del borde y actuar como si no estuviera ahí, pero solo podemos hacer eso durante un corto periodo de tiempo, porque al final siempre tenemos que tomar una decisión.
(esto lo saque de una revista de esas que están ahí para entretenerte en una peluquería de Santa Teresita, mientra Angie se aclaraba las puntas antes de volvernos. Ni mu ni na; solo que me pareció interesante y punto)
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